29 de febrero de 2024

Últimos Tiempos

Como vivir los últimos tiempos

Las profecías católicas sobre los últimos tiempos. Profecías de Nuestra Señora de la Salette

En 1846 la Santísima Virgen se apareció a los pastores Melania y Maximino, para advertir una vez más la humanidad por haber olvidado y despreciado el suave yugo de Nuestro Señor Jesucristo. Nuestra Señora transmitió a cada uno de los pastorcitos sendos mensajes para el Papa Pio IX. El obispo de Grenoble, Mons. Bruillard, los entregó al Sumo Pontífice.

El de Maximino quedó secreto y nunca fue revelado.

El mensaje de Melania há sido publicado con el título de Recit de l’Apparition de la Très Sainte Vierge sur la Sainte Montagne de la Salette, le samedi 19 septembre 1846, con el Imprimatur de Mons. Salvatore Zola, obispo de Lecce, Italia, el 15 de noviembre de 1879. En Roma, el 6 de junio 1922, el R.P. Lepidi O.P., Camarero de los Sagrados Palacios Apostólicos y Asistente Perpetuo de la Sección del Index, ha dado asimismo el Imprimatur. El Santo Oficio ha colocado esta publicación en el Index (decreto del 9 de maio de 1923). El texto integral del mensaje ha sido publicado todavía en Documents pour servir à l’histoire de la Salette, Nouvelles Editions Latines, Paris, 1968 (cfr. M. Servant, págs. 100-101; ver también L’apparition de la Très Sainte Vierge sur la Sainte Montagne de la Salette, le samedi 19 septembre 1846, Société Saint Agustin, Paris, Rome, Bruges, 1922).

Referencias a la crisis de la Iglesia:

«Cuando María Santísima comenzó a hablar las lágrimas brotaron de sus ojos: ‘Los sacerdotes, ministros de Mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad en celebrar los santos ministerios, por su amor al dinero, el amor a las honras y a los placeres, los sacerdotes se han tornado cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza está suspendida sobre sus cabezas. Desgracia a los sacerdotes y a las personas consagradas a Dios, las cuales, por sus infidelidades y su mala vida, crucifican de nuevo a Mi Hijo. Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza y la venganza está a sus puertas, porque no se encuentra a nadie para implorar misericordia y perdón por el pueblo; no hay más almas generosas, no hay nadie digno de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.

«Los jefes, los conductores del pueblo de Dios han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha obscurecido su inteligencia; ellos se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer…

«En el año 1864, Lucifer, con un gran número de demonios, serán desencadenados del infierno: ellos abolirán la fe poco a poco inclusive en las personas consagradas a Dios: ellos los enceguecerán de tal manera que, a menos que reciban una gracia particular, estas personas tomarán el espíritu de estos malos ángeles: muchas casas religiosas perderán enteramente la fe y perderán muchas almas.

«Los malos libros abundarán sobre la tierra, y los espíritus de las tinieblas expandirán por todos lados un relajamiento universal para todo aquello que respecta al servicio de Dios; ellos tendrán un gran poder sobre la naturaleza; habrá Iglesias para servir a estos espíritus. Las personas serán transportadas de un lugar a otro por estos malos espíritus, inclusive sacerdotes, porque ellos no serán conducidos por el buen espíritu del Evangelio. Se hará resucitar muertos y justos (es decir, que estos muertos tomarán la figura de las almas justas que han vivido sobre la tierra, a fin de mejor seducir a los hombres; estos dichos muertos resucitados, que no serán otra cosa que el demonio bajo estas figuras, predicarán otro evangelio contrario al del verdadero Cristo Jesús, negando la existencia del cielo, y también de las almas de los condenados. Todas estas almas aparecerán como unidas a su cuerpo), habrá en todos los lugares prodigios extraordinarios, porque la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz ilumina el mundo. Desgracia a los príncipes de la Iglesia, que estarán ocupados en acumular riquezas sobre riquezas, en salvaguardar su autoridad y en dominar con orgullo.

«Será el tiempo de las tinieblas; la Iglesia tendrá una crisis horrorosa.

«Estando la santa fe de Dios siendo olvidada, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirá a los poderes civiles y eclesiásticos, todo orden y toda justicia serán pisoteados…

«El santo Padre sufrirá mucho (Pio IX). Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio.

«Los malos atentarán muchas veces contra su vida sin poder perjudicar sus días; mas ni él, ni su Sucesor… verán el triunfo de la Iglesia de Dios.

«En el año 1865, se verá la abominación en los lugares santos, en los conventos, las flores de la Iglesia serán purificadas y el demonio se volverá el rey de los corazones. Que aquellos que están a la cabeza de las comunidades religiosas estén en guardia con relación a las personas que ellos deben recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas personas entregadas al pecado, porque los desórdenes y el amor a los placeres carnales estarán difundidos por toda la tierra» (M. Servant, pág. 79-80; L’Apparition de la Très Sainte Vierge sur La Sainte Montagne de La Salette, págs. 9-11).

Sobre el Castigo:

«Dios va a golpear de una manera sin igual.

«Desgracia a los habitantes de la tierra. Dios va a agotar su cólera, y nadie se podrá sustraer a tantos males reunidos…

«Dios permitirá a la vieja serpiente poner divisiones entre los reinantes, en todas las sociedades y en todas las familias; se sufrirán penas físicas y morales; Dios abandonará a los hombres a ellos mismos, y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.

«La sociedad está a la víspera de los flagelos más terribles, de los más grandes acontecimientos; se debe esperar ser gobernado por una vara de hierro y beber el cáliz de la cólera de Dios…

«Italia será punida por su ambición de haber querido sacudir el yugo del Señor de los Señores; ella también será entregada a la guerra; la sangre correrá por todos lados: las iglesias serán cerradas o profanadas; los sacerdotes, los religiosos, serán expulsados; se los hará morir, y morir de una muerte cruel. Muchos abandonarán la fe, y el número de sacerdotes y religiosos que se separarán de la religión será grande; entre estas personas se encontrarán inclusive obispos…

«…No se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira, discordia, sin amor por la patria ni por la familia…

«Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá en las calles; el francés se batirá con el francés, el italiano con el italiano; en seguida habrá una guerra general que será espantosa. Por un tiempo, Dios no se acordará más de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Jesucristo no es más conocido. Los malos desplegarán toda su malicia; se matarán; se masacrarán mutuamente hasta en las casas.

«Al primer golpe de su espada fulminante, las montañas, la naturaleza entera temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres rasgarán la bóveda celeste. París será quemada y Marsella deglutida; muchas grandes ciudades serán conmovidas y deglutidas por temblores de tierra: se creerá que todo está perdido; no se verá más que homicidios, no se escuchará más que ruidos de armas y de blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus preces, sus penitencias y sus lágrimas subirán hasta el cielo, y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia, y pedirá mi ayuda y mi intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su gran misericordia para los justos, ordenará a sus ángeles que todos sus enemigos sean muertos. De un solo golpe los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres entregados al pecado perecerán y la tierra se volverá como un desierto…» ( L’Apparition de la Très Sainte Vierge sur la Sainte Montagne de La Salette, págs. 10-11).

Después de anunciar los grandes castigos (partes I y II) dice: «Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su gran misericordia para los justos, ordenará a sus ángeles que todos sus enemigos sean muertos. De golpe los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres dados al pecado perecerán, y la tierra se tornará como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá por todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia, que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, llena de celo e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todos lados y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.

«Esta paz entre los hombres no será larga: veinticinco años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son causa de todas las penas que sobrevienen en la tierra…» ( L’Apparition de la Très Sainte Vierge sur la Sainte Montagne de la Salette, pág. 11). [*]

————— [*] Es en este texto que la mayoría de los intérpretes se basa para sustentar que el Reino de María durará veinticinco años y después vendrá el Anticristo. No parece ser así:

1. Nuestra Señora dice: «no será larga», ahora a los ojos de quien está en la eternidad, ¨que es un tiempo largo o corto?

2. «Veinticinco años de cosechas harán olvidar…», esta frase no quiere decir que el Reino de María durará apenas veinticinco años, esos veinticinco años pueden ser después de una secuencia de varios siglos. Sobre todo hay que tener en cuenta que en muchas apariciones Nuestra Señora, los santos, etc. hablan, en muchos casos, en lenguaje figurado, en parábolas, etc., a tal punto, que, a veces, los propios videntes no entienden claramente.

3. En la lógica del Mensaje de la Salette, es imposible un triunfo tan esplendoroso, en que nuevos reyes serán el brazo derecho de la Iglesia, el Evangelio predicado en todo el mundo, toda esta obra inmensa en apenas veinticinco años? Parece imposible y, más aún, después de un castigo tan terrible.

4. No parece concordar con la infinita Magnanimidad y Sabiduría de Dios, que después de varios siglos de opresión de la Iglesia, ésta goce de un triunfo de apenas veinticinco años. Esta interpretación pecaría, así, de mezquindad…

Fuente: bastioncatolico.wordpress.com


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